GEO Geograficando, vol. 20, núm. 1, e152, mayo - octubre 2024. ISSN 2346-898X
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Geografía

Reseñas

Reseña de libro por Juan Besse y Luciano Uzal. Zona sur: urdimbres de la acción colectiva popular en el Gran Buenos Aires (1974-1989) por Jerónimo Pinedo

Juan Besse

Instituto de Geografía Romualdo Ardissone, Facultad de Filosofía y Letras, UBA / Instituto de Justicia y Derechos Humanos, Universidad Nacional de Lanús, Argentina
Luciano Uzal

Instituto de Geografía Romualdo Ardissone, Facultad de Filosofía y Letras, UBA - CONICET, Argentina
Cita recomendada: Besse, J. y Uzal, L. (2024). [Revisión del Libro Zona sur: urdimbres de la acción colectiva popular en el Gran Buenos Aires (1974-1989) por J. Pinedo]. Geograficando, 20(1), e152. https://doi.org/10.24215/2346898Xe152

No sabe el lugar lo que es faltar.
Gustavo Simona, Crónica de un encuentro

De la fábrica al barrio, del barrio a la parroquia, de la parroquia a la toma de tierras, Zona sur invita a recorrer los distintos modos en que el lugar y la acción colectiva popular se co-constituyen en el tiempo a partir de un entramado de actores y de procesos sociales de muy distinto orden y carácter. El libro de Jerónimo Pinedo analiza algunas acciones colectivas de resistencia en las localidades Quilmes, Bernal, Berazategui y Varela, que tuvieron lugar en distintos momentos y coyunturas a lo largo de quince años (1974-1989).

Uno de los aspectos asombrosos del libro radica en los efectos del montaje teórico- metodológico que efectúa el autor para tramar los “casos” que escoge (o que lo escogen a él) y, de ese modo, mostrar las mutaciones del paisaje político de las luchas populares en la zona sur del conurbano bonaerense. Así, se suceden las huelgas y respuestas gremiales llevadas a cabo por las comisiones internas de las fábricas, entre ellas la emblemática Rigolleau, durante los últimos años del tercer gobierno peronista; el repliegue acompañado de nuevas formas de resistencia en las fábricas después del golpe de Estado de 1976; la creación de la diócesis de Quilmes, con el obispo Jorge Novak a la cabeza, durante el primer año de la dictadura y su implicancia para la reconstrucción de espacios de encuentro e interacción barrial; los actos rituales y religiosos públicos en la nueva diócesis, que progresivamente fueron tomando un cariz opositor: procesiones que devinieron marchas, misas que se transformaron en manifestaciones y reclamos por los desaparecidos; el ayuno de las Madres de Plaza de Mayo que implicó la toma de la catedral de Quilmes por varios días y que fue pensada en continuidad con la primera marcha de la resistencia del 10 de diciembre de 1981; y, finalmente, las tomas de tierras iniciadas a fines de la última dictadura militar y que supusieron, en ese entonces, estrategias sin precedentes de acceso a la tierra. Secuencia que culmina con el análisis de la toma del Triángulo de Bernal en 1988. Serie, aparentemente, dispersa de acontecimientos, actores y momentos que son, en el análisis, enhebrados por la dialéctica compleja entre la acción popular y un concepto de lugar, que se revela no sólo como un recurso analítico o una herramienta conceptual de naturaleza metodológica, sino también como una forma acontecimental que permite barruntar, en la frontera entre las fuentes y la memoria, cómo se llevaron a cabo las experiencias de las luchas populares.

Tal como puede apreciarse a partir del título, las coordenadas espaciales y temporales de la investigación se enuncian fácilmente: el foco está puesto en aquellas localidades de la zona sur del Gran Buenos Aires desde mediados de los setenta hasta fines de los ochenta; y, sin embargo, desde las primeras páginas advertimos que, tras esa aparente facilidad, se esconde una ardua labor teórico-metodológica que hace de la construcción de su objeto un trabajo de alta costura. Si bien los capítulos están ordenados cronológicamente, puesto que cada uno de ellos se centra en los acontecimientos y procesos antes mencionados, esto no supone una narrativa lineal y sucesiva de estos. De hecho, el modo que tiene el libro de situar los repertorios de acción colectiva en los momentos y las coyunturas en los que se despliegan sigue los ecos y resonancias que se producen en múltiples temporalidades y mediante voces diversas.

Así, cada capítulo no es tan solo una instancia de una serie sucesiva, sino también la posibilidad de un eje vertical que reclama para sí una periodización propia (es decir, toda una elaboración de criterios que colaboren en la inteligibilidad del período en cuestión), que Pinedo sigue en cada caso y que muchas veces lo lleva a analizar procesos que exceden el corte temporal que el título sugiere.

Por otro lado, la periodización de quince años transversal a los capítulos no se fundamenta, como suele hacerse, porque delimite un proceso político o un momento del cual pueda suponerse cierta homogeneidad relativa a una determinada dimensión del análisis. Se trata de quince años que no son años cualesquiera, sino que comprenden momentos muy heterogéneos entre sí, con instancias de crisis que suponen verdaderos cortes en la vida política nacional. Son los años que van desde la muerte de Perón, incluso antes, hasta el inicio del gobierno de Menem. Años que coinciden con transformaciones fundamentales del devenir de las izquierdas peronistas y no peronistas, marcadas a fuego por la experiencia traumática del terror de Estado.

La delimitación espacial de la investigación, al igual que la periodización, no responde a una decisión a priori, impuesta por una lógica anterior y exterior a la elaboración del objeto de investigación. El trabajo de manufactura conceptual en torno a la noción de “lugar” –en este caso, inseparable de lo que suele llamarse el “recorte” de la investigación– parte de una crítica a la manera en que, desde ciertas sociologías, suele pensarse la dimensión espacial como mero contenedor de relaciones o acontecimientos, a modo de una simple representación catastral. En cambio, se propone pensar el lugardesde una mirada topográfica atenta al modo en que las constelaciones de relaciones sociales lo modelan en el tiempo y forman una urdimbre. Así, estas relaciones complejas no se encuentran todas a una misma escala, sino que una proporción importante de los actores, experiencias e interpretaciones en disputa que conforman un lugar excede su emplazamiento. Esto hace que el trabajo analítico de Zona sur, aun con el foco puesto en municipios concretos del Gran Buenos Aires, describa un panorama complejo de localizaciones a múltiples escalas en el que se despliegan los procesos sociales de territorialización y desterritorialización, pero en estrecha tensión con los trabajos de lugarización, sin perder de vista las redes ni las escalas.

Como bien señalan Lenci y Pittaluga en el inicio del prólogo del libro, “zona sur no es una designación para orientarse en un espacio dado, ni tampoco una referencia geográfica naturalizada. Es el nombre de un lugar, un nombre urdido, compuesto por el tejido de las múltiples formas de la acción colectiva de los sectores populares que se van entrelazando tensamente. Pero también, por las determinaciones que para esas acciones imponen las intervenciones de los poderes fácticos y simbólicos de la economía, la ley y el gobierno”.1

En este punto, el lugar se vuelve tanto causa como resultado de esa red de interacciones de la cual emergen las acciones colectivas de lucha y resistencias populares. Estas producen el lugar a la vez que reinventan su pasado al reconocer en él su herencia y, en ciertos pasajes de modo más manifiesto, su legado. Es la política como el entrecruzamiento de experiencia y expectativa, de pasado y porvenir, instante de tiempo y lugar que abre las cronologías y las localizaciones hacia un más allá de la representación.

Este punto es fundamental porque la obra adquiere consistencia no en un único actor privilegiado o una institución predominante que organice la narrativa, sino en la serie de momentos y acontecimientos seleccionados por el autor que, si bien son heterogéneos entre sí, permiten hacer visible, al momento del análisis, el entramado común que le da su densidad histórica a la noción de lugar. Cada capítulo aborda, así, un punto de esta trama que remite y conecta con los otros. Por ello mismo, se hubieran podido tomar otros puntos de referencia, otros actores y acontecimientos de la misma zona sur, sin por eso deshacer la tela que la investigación presenta. Y quizás el valor del presente libro resida, justamente, en esa capacidad de ser riguroso en su construcción histórica y, a la vez, consciente de su propia contingencia. En definitiva, que en la investigación histórica como en los tejidos, el buen oficio pasa por un saber hacer con los vacíos, con los agujeros, con lo que falta no por impericia sino por ausencia, no por descuido sino por necesidad.

La pregunta por el lugar, como categoría, como concepto, como noción y como dimensión de las prácticas que constituyen las experiencias populares recorre todo el espinel del libro, y esa es una de las virtudes de este escrito. Virtudes que se declinan no sólo en la solidez argumental, en la frescura epistemológica mediante la cual se convoca un concepto específico de lugar de la mano de su autor y se lo “ejerce” en la ocurrencia de leer una situación, no sólo en el encaje de las fuentes y los modos en que estas dan lugar a las experiencias analizadas, sino también en la poética que sostiene la urdimbre propuesta para rememorar las luchas y el cuerpo popular que las hizo posibles. Como señala Meschonnic: “lo que se juega aquí es el reconocimiento del cuerpo contra el borramiento del cuerpo en el lenguaje. Tanto como el reconocimiento de la diversidad y de lo múltiple, de lo infinito, recubiertos aplastados borrados por la identidad y la totalidad”.2

El libro lo sabe, y el desembarco de la potencia de la noción de lugar es uno de los anclajes de esas preocupaciones políticas, éticas y epistémicas que reverberan en su escritura.

Urdimbre y trama, dice el autor, movimiento y resultado del movimiento. Y lo refuerza: los lugares son procesos sociales, y es necesario auscultar el asunto desde el prisma de la singularidad, poniendo el acento en la variación más que en la semejanza.

En esa dirección, la conclusión del libro es más que la retoma del itinerario llevado a cabo. Hay en la conclusión una voluntad de puntuación. Allí se hace referencia a un juego de palabras que abre un horizonte de trabajo respecto de cómo el espacio de experiencia se entrama con la experiencia del espacio. Como destacamos antes, para Pinedo la experiencia se vincula con un horizonte de expectativas y una articulación de sentido que constituye un nexo singular entre pasado, presente y futuro. En la conclusión escribe el autor que “simplemente voy a señalar que intenté no subsumir las diferentes dimensiones del espacio bajo una noción unilateral de territorio. Y mucho menos, en una noción de barrio como sinécdoque de aquel”. Allí, el lugar viene a complejizar el asunto.

Una geografía histórica de la acción colectiva, como la que propone el autor, es una construcción simbólica que opera sobre los dispositivos del terror que tuvieron lugar en el pasado y sobre los espectros del miedo que es necesario desmontar para que las fuentes hablen, para que los conceptos no se atasquen, para que los errores no sean vistos como anomalías, para que la vida pueda ser recuperada en el cuerpo de la historia. Como destaca el autor, los términos sustantivos, o primitivos, del denominado giro espacial (territorio, lugar, escala y red) son necesarios para afrontar el estudio de las relaciones socio-espaciales, pero los lineamientos básicos del programa de esa geografía histórica de la acción colectiva requieren, además, una sensibilización geográfica de la historia reciente y de los usos de esas enseñanzas para ponderar el presente. El libro es una invitación a la inmersión en los pretéritos pluscuamperfectos mediante los cuales se organiza la memoria de la memoria y en el futuro compuesto a partir del cual una memoria anterior se activa como política en el presente.

Notas

1 Lenci, Laura y Pittaluga, Roberto (2022). “Prólogo”. En Jerónimo Pinedo, Zona sur. Urdimbres de la acción colectiva popular en el Gran Buenos Aires (1974-1989) (p. 15). Los Polvorines: Universidad Nacional de la Plata-Universidad Nacional de Misiones-Universidad Nacional de General Sarmiento; Posadas: Universidad Nacional de Misiones; La Plata: Universidad Nacional de La Plata. Colección Entre los Libros de la buena memoria.
2 Meschonnic, Henri La poética como crítica del sentido (2022). Buenos Aires: Mármol Izquierdo Editores, p. 47.
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